Beso de madrugada

Beso de madrugada

Walden

Una oscuridad que caracteriza una pequeña ciudad. Las mujeres aligeran el paso e inclusive muchas de ellas corren rápidamente hasta llegar a sus casas. Esa noche ella no estaba caminando sola. Aquel joven de cabellos negros y ojos oscuros la acompaña. Cada pisada es una nueva oportunidad de hacer que él se enamore de ella. La noche se vuelve más oscura y ella piensa muchas veces que decirle antes de decir palabra alguna.

—Me gustan las chicas con el pelo largo y bien oscuro —dice el joven.

—Ah, ¿sí? Ya estoy descartada— pensó ella. Su cabello no era oscuro ni largo.

¡Que hermoso era! Fue su primera impresión como muchas veces. Tan apuesto y joven, siempre bien arreglado y nunca desaliñado. Ella se lo había imaginado miles de veces quitándole el vestido negro ajustado de fiesta y el conjunto de ropa interior recién nuevos. Ella sueña cada noche que él la besa lentamente y toca sus labios genitales mientras mueve su lengua de arriba hacia abajo y realiza movimientos circulares hasta que un líquido blanco moja los labios de aquel joven y ella toca sus cabellos negros y estruja las sábanas. Siente la necesidad de morder un pedazo de tela para no gritar en el dormitorio del campus universitario.

Sus labios ahora besan suavemente sus dedos del pie. Ella nunca supo hasta ese momento que esa parte de su cuerpo era uno de sus puntos erógenos. Se sintió incómoda al principio porque era la primera vez que recibía aquel regalo, pero el momento más interesante fue cuando el muchacho tan dulce que vio día tras día y que se sentaba muy cerca de ella en las clases la movió rápidamente hasta cambiarla de posición mientras que su lengua jugaba de lado a lado con una de las partes de su cuerpo que ella se sentía siempre tan orgullosa. Después de algunos minutos relajo sus nalgas mientras él continuaba jugando con su lengua y mojándolo ahí justo en uno de sus atributos mejor cuidados.

«Aquel sí que fue un beso diferente» pensó ella mientras continuaba boca abajo con las rodillas apoyándose sobre la cama y sentía como aquella línea divisoria de su «derriere» se sentía algo húmeda. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras no creía que realmente todo eso estuviera sucediendo. 

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