BodyPaint

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Los botes de colores se disponían sobre la estera, junto a la colección de pinceles de diversos tamaños. Él aguardaba expectante la llegada del lienzo, se sentía inspirado para volcar su talento con pasión. Entré en la habitación, lista para ser decorada, y me coloqué en el centro, mostrando al pintor todo el esplendor de mi cuerpo desnudo.

Sobre un fondo oscuro que me aplicó sobre las piernas, dibujó varios trazos verdes en vertical a lo largo de mis tobillos, utilizando varias intensidades, de la más oscura al tono manzana. En seguida me di cuenta que se trataban de brotes de vegetación que giraban en torno a las piernas, a modo de enredaderas que trepaban por troncos de árboles. Llegando a medio muslo, incluyó algunas hojas amarillas, pequeñas, que destacaban sobre la frondosidad monocolor y ascendían hacia la cintura. 

Al llegar a las caderas, los brotes se convirtieron en ramas, que se desarrollaban por vientre y espalda, dejando espacios para hojas de varios tamaños y colores. Una de ellas la situó simulando que me cubría el sexo, otras se distribuían entre los tallos que me abrazaban por la cintura y se entremezclaban a lo largo de la espalda. Cada uno de los detalles se adaptaba al relieve de mi cuerpo: las lianas que rodeaban las nalgas o las brotes que discurrían por los brazos. 

Hojas amarillas de castaño me tapaban los senos, otras más pequeñas de acacia ascendían por el torso hasta llegar al cuello. Por la cara, brotes jóvenes y flores adornaban mis mejillas, aprovechando la disposición de ojos y nariz para colocar los estambres. Finalmente retocó las sombras con colores oscuros. Quedé admirada al comprobar cómo la vegetación contorneaba mi propio perfil, dejando de ser un lienzo inerte para convertirme en uno más de los elementos de aquel bosque estampado sobre mi piel.

Me sentía atraída y admirada en un sentido nuevo y diferente. El espejo me devolvía una dimensión desconocida, formaba parte de una belleza ajena y emocionante. Me dejé retratar por el pintor, que capturaba admirado su creación atrapada sobre mi cuerpo. 

Al abrir la ventana, el sol transformó la obra, convirtiéndome en un bosque real. Las ramas buscaban su forma y las hojas cobraban vida, mi belleza se mezclaba con la naturaleza. No me sentía desnuda, sino formando parte de una obra de arte efímera y eróticamente singular.

NATALIA

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