Hafl zawaj (La Boda)

Hafl zawaj (La Boda)

Llevaba años sin ver a Amina. No recuerdo cuantos. ¿Cuatro? ¿Cinco? Desde los tiempos de la Complu, no, desde que trabajamos juntas para aquella firma internacional de moda “low cost”.  Que recuerdos de aquella chica árabe que llegó ataviada con su al-amira, sus ropas amplias y sus gafas, casi igual de grandes, a clase. Quizá por ser las “raras” congeniamos desde el primer momento. Fuimos grandes amigas. Y ahora, mi amiga del alma se casaba en Abha, su ciudad natal. 

Hace semanas, en su última videoconferencia, ella se confesó plenamente enamorada de Adib y eso me tranquilizó. 

Billetes pagados y un viaje de ensueño, ¿Quién puede resistirse al influjo de la provincia de Asir y su parque natural?. 

Amina me esperaba en el aeropuerto. Seguía igual. Su túnica marcaba las generosas curvas de su cuerpo. El abrazo y el olor característico de mi amiga me transportó a aquellos años de viajes por España y medio oriente en busca de un futuro empresarial. 

“Ven por aquí. Te he preparado una habitación en  mi casa. Disculpa pero no quería dejar a mi ‘ukht en cualquier hotel de la ciudad”

¡Cuantas emociones! Es imposible pegar ojo. El calor tampoco es excesivo pero … no, definitivamente esta noche no conciliaré el sueño. Quizá beber algo me ayude a dormir, voy a la cocina. 

En el pasillo me encontré  a Amina, 

  • ¿Qué? ¿Tú tampoco puedes dormir? 
  • No.  Serán los nervios de la boda 
  • Iba a beber algo ¿Quieres?
  • No, pero te acompaño a la cocina 

Cogí un vaso de  jellab  y me iba a la habitación. Al llegar, sentí que Amina tenía algo que decir. “Quieres pasar”. Amina no se lo piensa y entra en la habitación de invitados. Cerré la puerta y al darme la vuelta vi que Amina se había despojado de su camisón. Su pecho es bastante más grande de lo que pensaba. Sus pezones enormes. El vello de su pubis, salvaje y su cintura no desmerece nada a la carretera de Vegarada. Sin darme tiempo a hablar me besa, me desnuda con una maestría digna de una odalisca y para mi sorpresa … me gusta. Su lengua activa mi deseo, el cuerpo de Amina sabe a almizcle y sí, definitivamente me gusta. Creo que este viaje también va a regalarme mi primera experiencia lésbica. 

“¿Te quedarás unos días después de la boda?” pregunta Amina entre jadeos.

Linra Martel

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