ALMA

Alma

ALMA

Eran compañeros de equipo en el trabajo, ella recogía las muestras de los pacientes, él las analizaba, ella lo analizaba a él, él deseaba recogerla y llevarla mucho más allá de esas conversaciones banales que ambos hacían surgir.

Un encuentro de miradas difícil de sostener hacía que sus corazones abordaran sus gargantas,  impidiendo comunicarse.
Entendió en seguida que la respiración entrecortada de Alma necesitaba la misma vía de escape que las sudorosas manos de él.
Con gesto firme y preciso la tomó del brazo y la condujo con disimulo al almacén de residuos.

Cerró la puerta de emergencia, la tomó del trasero y la apretó contra él, dejándola sentir cuánto deseaba tenerla.
Ella respondió humedeciendo su cuello, dejando que su lengua saboreara ese perfume que tantas veces la condujo al delirio guiada por su imaginación. Sus labios se encontraron en un intenso beso que terminó en un animal mordisco.“Tócame” susurraba Alma.

Gael encontró entre sus piernas la humedad perfecta para calmar su sed. Alma encontró en sus brazos las alas que liberaron cada momento imaginado. Sus manos serpenteaban impacientes bajo el uniforme, desabrochando los botones que asfixiaban su impaciencia ante la prisa del momento.

La luz de emergencia bastaba para entrever sus cuerpos semidesnudos, mucho más perfectos y deseables de lo que habían imaginado.
En ese punto sin retorno ella dejó caer su pantalón al suelo se dio la vuelta y afirmó sus manos contra la puerta,  él la sujetó con determinación acariciando con  su mano izquierda su pecho, la derecha se deslizó furtiva y sigilosa dibujando un sendero por debajo de su ombligo cada vez más cálido, cada vez mas húmedo, cada vez mas resbaladizo… ella no pudo evitar dejarse llevar contoneando sus caderas, abriéndole paso y alojando entre sus nalgas a la única pieza que le quedaba por encajar.


Entre inevitables jadeos que irrumpían el silencio obligado, ambos sentían morir y vivir simultáneamente, envueltos en el fuego que de ambos emanaba. 

Peinaba canas, la jubilación atentaba contra su estabilidad emocional y tras esa puerta, como cada turno, Gael encerraba su cuerpo para liberar su mente y encontrar a su Alma a través del maravilloso recuerdo que hacía sostenible el peso de vivir sin ella.

Aprender a vivir sin el placer de amarla como lo hizo todos  los días que compartió con ella, se hacia más fácil entre esas cuatro pareces que a cielo abierto.

ALMA por Ilítia

3 Comments
  • Nacho
    Posted at 21:43h, 06 agosto Responder

    Me ha encantado, me hace sentir muchísima añoranza de aquella etapa de mi vida. Ojalá pudiera ser ese compañero de trabajo al menos otra vez mas.

    Me ha llegado mucho felicidades al escritor@

  • Nacho
    Posted at 21:59h, 06 agosto Responder

    Me ha encantado este relato, ojalá pudiera revivir aunque solo fuera una vez más aquella sensación con esa persona.

    Me ha llegado, felicidades al escritor@

  • Carolina
    Posted at 12:49h, 07 agosto Responder

    Me encanta la adrenalina erótica que desprende la narración de este «aquí te pillo, aquí te mato» literario.

Post A Comment