EL APARTAMENTO

El Apartamento

EL APARTAMENTO

Tengo muchas ganas de verte. Ya hace algún tiempo que no nos vemos, y estoy ansiosa por el momento que nos viene. Hemos estado hablando pero no es lo mismo, yo quiero y necesito verte y tenerte cerca. 

Hemos quedado para cenar y tomar una copa. Te he invitado a mi casa para así tener más intimidad y poder hablar con tranquilidad. 

Hace poco que he alquilado el piso, así que eres mi primer invitado. 

He preparado algo ligero ya que sé que no te gusta mucho comer por la noche.

Llegas puntual como siempre, oliendo a ese intenso perfume que me encanta  y muy bien vestido.

Nada más verte me recorre algo por todo el cuerpo que me dan ganas de arrancarte la ropa en ese mismo instante. 

Me traes unos girasoles; mis flores favoritas. Consigues aún más dibujar una sonrisa en mi rostro. 

Te sientas cómodamente en el chaise-longue mientras te pongo algo de beber y yo me pongo también. 

Mientras esperamos un poco para comer charlamos de todo lo acontecido este tiempo que no nos hemos visto. Aunque hayamos hablado prácticamente todos los días por teléfono, el hecho de estar uno frente al otro es totalmente diferente. 

Cuando tomas el segundo sorbo de la copa y la colocas encima de la mesita de cristal del salón, comienzas a acariciarme el pelo (sabes que es mi punto débil) y comienzas a besarme con suavidad, deseo y pasión a la vez. 

Me entra el calentón  y me siento a horcajadas sobre ti, mientras nos seguimos besando y me bajas la cremallera del vestido negro que llevo puesto. 

Me quitas el vestido y desabrochas mi sujetador negro de encaje con una sola mano. 

Desatamos la pasión contenida en todo este tiempo allí mismo, mientras los hielos de nuestras copas se consumen al igual que las velas que están en la mesita. 

Me aprietas, me muerdes, me besas, me lames. Me das la vuelta y sigues… haciéndome gemir, gritar… Mientras me penetras con una mano me coges del pelo y con la otra el pecho, giro la cara y me sigues besando tan apasionadamente como siempre. 

Nos corremos….

Exhaustos en el sofá, con el sudor recorriendo nuestro cuerpo y con caras de felicidad, apoyo mi cara en tu pecho. Sintiendo cada latido. 

Decido que nos demos una ducha antes de comer.  

Nos metemos juntos en ella y abrimos el agua. El agua cae sobre nosotros como si de una lluvia se tratase, lo que nos resulta más cómodo para seguir con nuestro ritual. 

Me coges por la espalda mientras me besas y acaricias lentamente la parte de delante. Introduces tus dedos en mi vagina mientras el agua sigue cayendo sobre mí y me estremezco por completo. 

Allí mismo volvemos a enredarnos, a sentirnos, a juntar nuestros cuerpos como si el mundo fuese a estallar esa misma noche y sólo tuviésemos ese instante, a mirarnos mientras nos sonreímos deseando que ese momento no acabase nunca.

Nos volvemos a correr. 

Nos enjabonamos un poco y nos aclaramos para así secarnos y poder comer algo.

Al fin y al cabo quedamos para cenar. 

Nos volvemos a vestir y nos sentamos a comer. Mientras volvemos a llenar nuestras copas, disfrutamos de la comida. Seguimos hablando de todo lo que nos ha ocurrido en este tiempo; trabajo, proyectos, estrés acumulado…

Me hablas de tu hija y de todo lo que ella te aporta y tienes pensado para su futuro. 

Me dices lo bonito que está el piso, lo bien decorado que está y lo acogedor que es.

Seguimos hablando, bebiendo, riéndonos y dedicándonos caricias y miradas cómplices. 

Terminamos de cenar y tomamos el postre. 

Al acabar terminas de prepararte bien y me dices que debes marcharte. Mañana trabajas y debes madrugar. 

Te despides de mi con un profundo beso mientras me coges por el cuello. 

Coges tus llaves  y el móvil.  

Al marcharte te abrazo fuertemente mientras te cojo por la mano y te susurro: 

  • Aún no has visto el dormitorio. 

Autor: Desiré Gonzalez

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