AMOR DE NIÑO

amor de niño

AMOR DE NIÑO

Esa noche como en anteriores ocasiones desde hacía varias semanas, tenía mi cita con Jose Luis, que como siempre vendría a recogerme sobre la una de la madrugada al callejón de Nebot con  camino de Ronda.

José Luis ,era el chico con el que mantenía una relación muy bonita y secreta, pues yo tenía 13 años y él 28.

Él era muy dulce, cariñoso, experto en lo sexual, muy delicado,  rubio de ojos verdes, tenía unas pestañas muy pobladas largas y más oscuras que le hacían más intenso el color y más interesante su mirada, su boca era muy marcada con labios prominentes, siempre dispuesta para alabarme o besarme. Su estatura era un poquito más baja que la mía, pero tenía un cuerpo escultural. Cada músculo se dejaba ver bajo una piel dorada que le hacía muy apetecible e irresistible. 

Sin duda fue mi maestro sexual ya que era activo y pasivo ,siempre encontraba la postura perfecta para darme y darse placer. Todo cuanto nos rodeaba en aquellas estancias era mágico. La decoración a base de cortinajes muy coloridos, alfombras, cojines.

La iluminación normalmente era con luces naturales,los ventanales que a modo de inmensos lienzos nos detallaron las siluetas de la Alhambra y la sierra de fondo cual corona blanca sobre la colina roja.

La música siempre nos acompañaba, a veces parecía como si tuviésemos en alguna habitación contigua el cuarteto de cuerda, o el piano o los magníficos coros ideados por Bach, Mozart, Handel. 

Cuando subíamos por el centro de la ciudad y hasta que lo habíamos atravesado él era muy discreto. 

Una vez que pasábamos la casa de paso y ascendíamos hacia el Albaicín, el me rodeaba con su brazo y comenzaba a arrullarme, acariciarme, besarme. 

Hacía que aquel ascenso que en cualquier otro momento parecería interminable, pues que pareciese que iba flotando rodeado por sus alas y volando ambos hacia el nido. En donde nuestras citas se convertían en escuela de amor, sexo y placer. 

El tiempo se detenía en esos momentos, y casi siempre nos despertábamos abrazados, impregnados del dulce aroma del sexo y sabiendo que teníamos que volver a toda prisa a casa antes de que se despertara la ciudad, pues tenía que estar en mi cama como muy tarde a las seis y media de la mañana ya que mi padre se levantaba a las siete.

Autor: Miguel R

Concurso MicroRelatos Eróticos

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