DE CUANDO FUI EMPOTRADO POR LEONOR

DE CUANDO FUI EMPOTRADO POR LEONOR

Leonor tiene una amiguita que siempre que ella quiere me hace sentir mariposas en mi culo. Le llamamos «¡Álex!», de Alexandra, para sentir que ella y yo somos siempre tres. Esto que sigue es de cuando fui empotrado por Leonor por primera vez.

«Mira, Felipe, ¿conoces a Álex, la nigeriana?». «Seguro que no tan bien como tú», y aparté mi mirada de Álex. «Pues alguna vez podríais quedar para un café», me insistió. «Vale, pero no tiene que ser hoy», aplacé la cita.

Álex es de ascendencia nigeriana. El calificativo de «la nigeriana» se le quedó ya para siempre por mi manera, bebedora del feminismo decolonial, de pedir la botella en que quería que en los bares me sirvieran el refresco de cola. «Si tienen, sin azúcar y nigeriana, por favor». Minutos después aparecía una botella de 33 centrilitos en lugar de la habitual de 20.

A Leonor le gustaba sentirse observada por mí cuando autofollaba. Término éste, autofollar, archirechazado por los señoros raelianos y que no significa empotrarse en un automóvil sino «acción y efecto de empotrarse una persona consigo misma sin intervención de cuerpo ajeno». Ejemplo del concepto recién definido: Leonor agarraba a Álex bien lubricada y en su coño se producían sin freno declaraciones de autodeterminación, de autogoce, de autodescubrimiento y de autoaceptación. No es que sólo lo consiguiera con ella, pues antes dedos, manos y puños allanaban el camino a Álex.

Antes que mi mente y que mis labios, aquella noche mi culo dijo sí a la propuesta de Leonor. Ella me daba órdenes y yo más me excitaba cuanto más le obedecía. Se colocó de rodillas detrás de mí y yo me tendí con mi culo bien alto a la altura de su coño, del que ahora colgaba Álex. Mi cabeza se hundía contra el suelo entre mis codos que apenas podían sostenerme, como casi no lo hacían ya mis rodillas. Llegó un momento en que todo mi cuerpo, todo yo estaba suspendido sólo de Álex y mi culo se agarraba y buscaba unirse a ella antes de caer.

La corrida con mi leche por el suelo y las mariposas en mi culo fue como el ritual iniciático de una sociedad secreta de fácil entrada y de difícil salida.

Desde esa noche Álex nos hace gozar por turnos. Y entre corrida y corrida bajamos al bar y pedimos, si tienen, una nigeriana.

Autor: Nicolás Salas

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