CITA EN LAS 4 ESQUINAS DE LA CAMA.

Cita en las 4 esquinas de la cama

CITA EN LAS 4 ESQUINAS DE LA CAMA.

Cuando te desnudas frente a mí, los sentidos se me nublan. Mi cuerpo empieza a enfermar de placer en esta cama muda en tacto y que enmudece, sin embargo, con el sudor de nuestra pasión. Tu cuerpo sobre el mío, y la piel de gallina mientras te miro a los ojos. Estoy en la calle sin salida entre tus piernas mientras las yemas de tus dedos recorren mi espalda acorralando a mi razón y aumentando las pulsaciones de mi erección. Mi boca se desvanece entre el arroyo de tus tetas, me encanta su suavidad, comérmelas como manzanas maduras pero que al desliz de mi lengua ponen tus pezones duros como almendras. Te pones encima de mí y te llevas unos de mis dedos a tu boca, lo succionas con tus carnosos labios con las mismas ganas que la pajita con que chupas tu bebida favorita: la leche. Tengo tantas ganas de entrar en ti, pero no te basta con ponerme cachondo, a ti solo te excita volverme completamente loco. Y mi dedo deja de ser mío y se convierte, de improviso, en tu dildo de confianza. Te comienzas a balancear hacia delante y hacia atrás, y comenzamos a flipar cuando, a ratos, se nos cierran los ojos y nuestra respiración jadea en el éxtasis que provoca resbalar por el pasillo húmedo de tu deseo. Entonces, como una cobra, arrastras tu cuerpo hasta situarte a la altura mi falo. Mi prepucio roza el cielo que hay entre tu paladar y el puente curvo que conforma cada uno de los preciosos dientes de tu sonrisa. Y cuando acaricio tu pelo, perdido en gemir, te pausas, alzas la vista, me miras y mordiéndote con picardía el labio inferior me dices: “fóllame al oído lo que te he hecho sentir”. A horcajadas la estrecho entre mis brazos. Como dos piezas de puzzle, encaja su cadera sobre mis piernas en el filo del precipicio que es nuestra cama. Su boca y mis labios se enzarzan en una pelea a beso limpio. Ella juega a caer hacia atrás sin miedo, sabe que mi mano recogerá con delicadeza su espalda a tiempo. Para traerla de vuelta. A mí. Abre sus ingles, cada vez un poco más, como un compás. Y me encanta tomar su cintura como un volante para, ya sí, acelerar-nos y matarnos de gusto en un orgasmo.

Autor: Carlette Sensuel

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