ADOLESCENTES A LOS 50

Ébano

ADOLESCENTES A LOS 50

¿Quién se lo iba a decir?

¡A sus 50 y tantos!

Fue de los que hizo el servicio militar. Rodeado de jóvenes cargados de testosterona, igual que él. Ávidos de placeres sexuales. Llenos de vigor. Con una imaginación desbordante. Buscando un hueco en sus agendas para saciar sus ansias.

Estaban allí adentro, sin poder salir cuando quisieran en busca de esas esos cuerpos, tiernos como ellos. De vaginas sedosas, y pechos turgentes. Con pezones que les apuntaban, y les hacían sentir más miedo que sus armas, porque ellas abrían fuego y disparaban directamente a sus bocas. Sus penes. Sus corazones. Les dejaban sin aliento, jadeantes.

En sus noches mojaban las sábanas al pensarlas. Pero él no era igual. Se resistía a acariciarse, a sentirse. A jugar con ese portento que se le concedió al nacer. Estaba bien dotado. Una vez, solo una, se permitió explotar, y llenar el techo con la salpicadura de su semen.

Entonces, en el momento que no esperaba, ella entró en su vida. Llena como la luna. Brillando más que el sol. Quemando sus entrañas. Arrasando hasta sus partes más escondidas. Lo sorprendió con su naturalidad al hablar de sexo, pero más aún, cuando descubrió que, a su edad, y aunque empezó con un poco de resistencia, con solo escuchar su voz se empalmaba. Ya no podía controlar esas ganas de masturbarse. Lo intentaba sí, aunque sin éxito.

Amor, quiero oírte gemir, le decía ella al otro lado del teléfono. Esas palabras le hacían vibrar, enloquecer, sentir como en segundos su coraza caía, y entonces ¡Ay entonces! Desnudaba su escultural cuerpo. Ya no había resistencia posible. Se doblegaba a su voluntad. La imaginaba tendida, con las piernas sobre sus hombros, penetrándola sin descanso. Gritaban al unísono. Tomaban un descanso, ella se encaramaba sobre su pene, sintiendo como se mojaba poco a poco, y cuando estaba en su máxima plenitud, la introducía en su ano, mientras el saboreaba su boca, y ella pasaba del trote al galope, hasta dejarle sin voluntad. Nunca había sido penetrado de esa manera.

Recordar aquello le hacía volver una y otra vez a deslizar sus dedos recubiertos con lubricante por su glande, hasta llevarle a lo que ya no era visto casi como un pecado, si no como su mayor fuente de disfrute cuando no podía tenerla cerca.

Escrito por Ébano.

Humm en este relato junto a Ébano, nos vemos reflejados, recordamos pero sobre todo nos damos el derecho a seguir soñando, a disfrutar de nuestra sexualidad .

http://tuppersexandalucia.com/2021/09/10/la-princesa-egipcia/

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