Pareciera que me he confundido de verbo, pero incluso apurando el atrevimiento me voy a equivocar, adrede esta vez, de zona erógena también. Lo de “equivocarse” es un decir, pues entre la creciente legión de fetichistas del pie femenino, lo tenemos más claro que el agua de Sierra Nevada.

Sin embargo, lo cierto es que para una gran mayoría de mujeres cuesta imaginar que sus pies puedan tener otro protagonismo más sofisticado que el de llevarlas de aquí para allá y tener que invertir en cuidados para mantenerlos vistosos, sin acabar de entender muy bien por qué esto es necesario… Después de todo, ¡son solo pies! ¿no?

Ya…, pero tal como se ve en los medios y se palpa en el ambiente, últimamente se asiste a un creciente interés por explotar las poderosas virtudes seductoras de la extremidad femenina.

Habíamos quedado en que son solo pies, ¿verdad?, pero desde la óptica de algunos hombres, que parecen ir sumándose al concepto día tras día, los pies femeninos se nos antojan tremendamente seductores.

¿Sorprendida? Pues te invito a seguir leyendo.

El concepto, conocido como fetichismo del pie femenino, o también como podolatria en Brasil y la América hispanohablante, se podría resumir como una marcada atracción por los pies de la mujer, normalmente ligado también a todo aquello que tenga que ver con ellos, desde el calzado hasta la forma de moverlos o de jugar con ellos en el entorno íntimo con infinitas variantes e inventivas. También se da este deseo entre mujeres, entre hombres, y en todas las combinaciones posibles; sin embargo la más habitual y popular con diferencia, es la marcada pasión del hombre por los pies de la mujer, motivo por el cual nos centramos en ello en esta ocasión.

Atracción que si inicialmente se nos antoja estética, pronto nos acaba filtrando hasta lo más hondo de nuestra masculinidad y despertando el deseo.

Cuando en una parada de autobús cualquiera, por poner un ejemplo que nadie negará reconocer, una mujer juega inadvertidamente sacándose el zapato que queda colgando de sus dedos, ahora lo mete y lo descuelga de nuevo; lo baja al suelo, levanta el talón y lo vuelve a sacar del zapato, y así sucesivamente en un interminable malabar laberíntico, conocido en inglés como “shoeplay”, por cierto… ¿es que eso pasa inadvertido?

Pues no siempre; para muchos de nosotros se nos antoja como la fantasmagórica pero dulce visión, que nos alegró definitivamente el día. ¡Pero bueno!, si son solo pies, alguien se apresurará a decir.

Se sigue dando vueltas a distintas teorías que tratan de explicar que puede tener el pie femenino para resultar atractivo y provocadoramente sexual. Pero en ellas no entraremos en este momento y desde luego no es buena idea sentar cátedra sobre esta cuestión pendiente de debate. Sí me referiré fugazmente (el tema da realmente para hablar mucho) a algunos de los atributos que podemos encontrar atractivos en el pie femenino. Imposible ser exhaustivo; nos asombraríamos de la cantidad de matices que pueden llamar la atención de un hombre.

Quizás el más evidente son sus formas: ¿sabían que un pie femenino flexible puede curvarse hasta concentrar en su pequeño espacio más curvas juntas que cualquier otra parte de la anatomía femenina? ¿Alguien dudó alguna vez del poder seductor de las curvas? Aunque siempre habrá hombres que les gusten menos curvados, o sencillamente, que les atraiga más otros aspectos de ellos. En esto no hay normas prefijadas.

Sin duda alguna que una de las bazas de éxito de los tacones altos, además de modificar la posición del eje corporal y el estilo al andar, es también la de acentuar estas curvaturas del pie, razón por la cual se recurre a ellos consiguiendo realzar la elegancia y belleza de este.

Hablando de formas atractivas a los ojos de un hombre, no me resisto a mencionar los llamados “abanicos”. Esto es ya afinar mucho pero da una idea de la inmensa variedad, matices y detalles que abarca este tema. Llamados así por la forma abierta de disponer los dedos, algo que resulta tremendamente sexy a los ojos de un hombre fetichista.

Otro atributo atractivo son los contrastes de color, especialmente en las plantas y laterales del pie; reclamo sexual este del color, muy socorrido y común por cierto, en la naturaleza. Mientras que hay plantas del pie donde el color se mantiene más bien uniforme, lo cual también habrá a quien le guste, en otras en cambio se dan unos marcados tonos rosados o anaranjados en la zona del talón y dedos, dejando la zona intermedia de un sutil tono claro.

También es a considerar el tacto de su piel, que es muy especial y distintivo, pues hay hombres quienes se pierden con la fina suavidad de la zona de la planta, mientras hay quienes enloquecen por las caricias de la dureza de unas plantas más consistentes. Seguro que hay un tipo de pie para cada hombre.

Otro atributo apreciable es el olor, sustancialmente distinto al olor del pie de hombre, quizás por aquello de las feromonas presentes en el sudor femenino. Cierto es que muchos hombres se sienten tremendamente atraídos por ese tipo de olor, especialmente cuando este se impregna en el cuero de los zapatos, y por supuesto dispara sus hormonas y con ello el deseo. Con frecuencia las mujeres se avergüenzan de que un hombre acerque la nariz a sus pies, ¡no sea que huelan! y ese simple detalle las hace sentirse incómodas. Pero pensemos que la naturaleza es muy sabia y nosotros somos mamíferos terrestres, lo que implica que una vía de comunicación e interacción es el olfato. No tendríamos que desconfiar de nuestro propio origen biológico, sino aceptarlo con naturalidad.

Hablemos claro y entre vosotras: si un hombre voluntariamente acerca su nariz o boca a tus pies, ¿no es más fácil pensar que será porque le gusta? ¿Y que en lugar de estar incómodas, lo que toca es relajarse, dejar que disfrute él y disfrutar nosotras?.

En esto de los gustos, como ya he apuntado antes, conviene insistir en que hay estilos de pies de mujer para todos los hombres, tal “como si” nos referimos a cualquier otro encanto femenino, pero sin el como. Sin embargo, por aquel halo de desprecio que en nuestra sociedad occidental (no así en otras culturas) se le ha venido dando a los pies, resulta que nos encontramos a muchas mujeres diciendo y asumiendo que sus pies ¡son feos! sin serlo, y prefiriendo esconderlos por pura vergüenza y tranquilizadora comodidad.

Y todo esto es solo la parte estética y estática, porque aún no hemos empezado a hablar de todo lo que se puede hacer con ellos. Lo dejaremos para una nueva ocasión; pero lo bueno es que si los hacemos partícipes del juego erótico nos sorprenderíamos de cuanta novedad, imaginación por delante, pueden aportar. Lo difícil es no atreverse a concederles su merecido protagonismo y enriquecer nuestra relación sexual con esta nueva vertiente.

La guinda de todo esto es que encima son una parte muy agradecida: con una enorme concentración de terminaciones nerviosas y sensoriales, no solo saben hacer sino que sobre todo, para disfrute de ellas, también se dejan sentir.

Hacen sentir y se sienten; todo un descubrimiento de reciprocidad, que liberándonos del pudor y esa cultura inculcada, bien merece la pena tener en cuenta y disfrutar.

 

No olvidéis dejar vuestros comentarios, y... nos vemos en un próximo post.

El viajero