Siento que está cerca, con tan solo su cercanía mi respiración se entre corta. La temperatura del agua está tan alta, que mi piel esta roja. Está cerca, no puedo verlo porque me tiene mirando en dirección a la pared, mientras observa hasta qué punto mi piel toma el color que le gusta. Estoy deseosa pero el juego es claro, piernas abiertas, manos encima de la cabeza pegadas a la pared y no mirar. Su contacto me sobresalta, su mano se desliza desde mi tobillo derecho, girando hacia la parte interior del muslo, muy lentamente, saborea cada parte de mi piel, arañándome justo antes de llegar hasta el centro de mi deseo. Se para y me susurra.

—Creo que este juego te está quemando demasiado la piel. —Su voz es ronca y firme.

Coge el grifo y cambia la temperatura bruscamente. El agua fría cae y, en ese momento, sin previo aviso inserta sus dedos en mi vagina con un golpe certero y seco. El placer que recorre mis sentidos es contradictorio pero muy excitante. Su ritmo crea un desasosiego en mí, es su forma de hacer que me desespere. A partir de este momento estoy aún más a su merced. Solo noto sus dedos en mi vagina, no quiere el contacto, le gusta observar cómo mi cuerpo reacciona.

Poco a poco mi clímax se acerca y noto la necesidad de moverme, de marcar el ritmo que mi cuerpo pide, en ese momento mi subconsciente me juega una mala pasada y mis brazos se mueven. Atrapa mis manos en el momento que las voy a mover, las coloca en mi nuca, ¿dije mala pasada? Me confundí. Ahora siento su cuerpo apretando al mío. Ahora vendrá un castigo en el que yo me sentiré con poder sobre él. 

Autor:
Judith Luque
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