Me baje lentamente del carruaje y agarre mi paraguas porque sobre mi cabeza unos nubarrones oscuros, habían empezado a asomarse dispuestos a descargar con fuerza su llanto sobre mí, aunque creo que querían llorar conmigo.
Instintivamente me lleve la mano a mi cuello en donde en una cadena de plata estaba una pequeña llave del mismo metal, regalo de un tiempo feliz.
Me dirigí como una autómata al enorme lago que se encontraba enfrente, me subí a la roca más grande y grite al viento sin esperar respuesta.
-¡Hasta siempre!
- ¡Hasta Luego! Me susurro una voz detrás de mí.
Me fui dando la vuelta lentamente, pensando en como hacer para que mis nervios no me delataran.
- Mairé-
- Taylor-
Las palabras sobraban solo parecían hablar nuestros ojos, aunque los de él con un brillo extraño.
A lo lejos un relámpago casi nos cegó, seguido de un trueno, nos previno que en unos instantes la lluvia descargaría su furia.
- Cuánto tiempo Lord Lester
- Demasiado
- ¿Cómo es que…?- Dijimos al unísono.
Me eche a reír, hacia siglos que no escuchaba mi propia risa, y hasta me sorprendí.
- Déjate de formalismos Mairé, ¿Qué haces por aquí?
- Dejo la hacienda y regreso al sur, con mi familia.
- ¿Por qué?
- Nada me ata a este lugar y cada día que pasa se me hace más tedioso estar aquí.
- ¿Ni siquiera Lord Ivers?
-¿Quién?- pregunte ceñuda
- Ya me oíste
- Si, te escuche, pero si yo no me llegue a casar--
- ¿No?
- Jamás, me iba a unir a un estupido tipo como ese lord, solo quería mi fortuna.
- ¿Y que tal Annie?- contraataque
- No hubo tal Annie-, me contesto acercándose a mí y acariciando la llave que llevaba colgada.

Autor:
María Cabal
Maria@soycazadoradesombrasylibros.com