Mi amante, el mar

 

Me transporta la sensación envolvente del agua que se convierte en un amante dulce y amoroso mientras acaricia todo mi cuerpo; despierta mis pechos que, como colinas, emergen de entre el mar. Mi sexo húmedo se llena de su esencia y siento que me recorre la carne por dentro. Me estremezco. Pequeñas gotas caen sobre mi vientre reviviéndolo. Siento el calor inundar mi interior.

Amante osado que te atreves a poseerme mientras duermo plácidamente en la frescura de la nada. Me atrapas con tu lengua húmeda que se pasea por mis labios… Tengo que dejar de respirar para no hundirme y perderme en tus brazos, en ese abrazo que absorbe el alma que me habita. Te siento. Te siento y me despierto. Te acojo entre mis muslos. Me dejo amar. Nunca lo hice. Nunca aprendí. Ahora que estás aquí, rodeando mi piel, poseyéndola, me abandono a tu tacto para sentir –por un breve y excitante instante– que me amas por fuera tanto como por dentro.

 

(El mar)

 

Dulce sirena de cabello dorado, me has atrapado. Las ondas que el calor de tus manos crean a tu alrededor, me mantiene unido a tu carne amante. Te deseo. Te poseo. Te siento entre las olas. Soy un amante dichoso que se hunde en tu cuerpo expuesto que me llama sin demora. Sé que me esperas desde hace tiempo. Abandónate al balanceo de mi excitación. Ya no puedo dejarte ir. Eres la esencia viva que me hace existir, que me renueva, que me recuerda.

 

Gimo. Me dejas sin aliento mientras me fundo contigo en las mareas. Hagamos el amor sobre la espuma de las olas para renacer, entre suspiros de pasión, en el deseo que nos chorrea. Me has vencido. Me entrego. Soy mujer. Eres mar. Somos uno, ya está.

 

 

Escrito por : Gabrielle Niamh

nataliaguado@yahoo.es