Quimera de pasión.

Después de lo que me hizo el maldito bastardo jamás pensé volverlo a ver, sin embargo el azar lo metió justo en la cafetería donde estaba. Mi repudio fue tal que corrí al baño a mojarme la cara, al salir el desvergonzado estaba ahí tapándome el paso, no emitió comentario alguno solo me tomó del mentón y apasionadamente me besó, yo a golpes furiosos lo intenté apartar, pero mi cuerpo dictaminaba en movimientos ondulantes involuntarios otra decisión.

Con furia desmedida me dejé acorralar en el interior del tocador, desesperada entre odio y pasión lo maltrate al mismo tiempo que él me estocaba, fuerte y tan duro como yo lo deseaba. Me tomó en sus brazos para sentarme en el lavamanos, abrió tanto mis piernas que mis bragas rasgó. No hubo más diálogo que vahos jadeantes humedecidos en vapor, arrancó mi blusa para morderme el pezón quien suplicaba clemencia ante tan ardiente y desenfrenada pasión, entre caricias dolorosas, introducía su pene en mi interior, después de gloriosas penetraciones, de un tirón me puso boca abajo deteniendo toda intención de mi parte, inmovilizada recibía nalgadas tan fuertes y sin control como su intrínseca fogosidad interior que desahogaba embistiéndome por atrás, forzando mis caderas su castigo era mayor, entonces la dictadura terminó, lo tumbé bruscamente en el frío suelo para montarlo a mi entero dominio y como yegua en celo le di, balancee la pelvis hasta saciarme de él, sin dejar que me tocara, como serpiente me deslicé por su candente piel hasta que exquisitamente terminé.

Acabado el acto pidió volvernos a ver, recién ahí solté la mandíbula apretada y saqué la voz para decirle:

No mí querido Allan. Ahora sé que el elixir de la venganza sabe mejor que el vino agrio de tu traición.

Gracias por tus servicios.

Escritor: AnaliZ

 Ana Elizabeth Eltit 
anieltit@gmail,com