Me gusta el suave aroma que desprende su pelo cuando pasa delante de mí contoneando sus caderas, me hipnotiza la luz de su mirada, persigo el sonido de sus tacones golpeando el suelo. La busco con la mirada y me enamora con su sonrisa, sus labios carnosos te invitan a besarlos. La diosa de mi interior da saltos de alegría cuando con sus manos suaves me acaricia aplicándome algún gel. Ella en sí es pura pasión, me vuelve loca. Hasta que la conocí no había disfrutado plenamente nunca. Había mantenido relaciones con varios hombres, pero no me llenaban, y las mujeres no me atraían hasta que la conocí a ella.

Con un grupo de amigas fuimos a una reunión de tuppersex. Lo que al principio fue una broma, se convirtió en el motivo de mis suspiros. Con los juguetes y mis pensamientos he aprendido a disfrutar del sexo. Cuantos momentos desperdiciados con relaciones banales. Ahora ya solo la quiero a ella, sueño con ella, quiero tocarla, besarla, acariciarla… Pero me contengo, me da miedo dar el paso, arruinar la situación y perder la oportunidad. Intento hacerme más amiga de ella, conocerla poco a poco, confirmar que tengo alguna posibilidad antes de lanzarme. 

Autor:
Patricia Gómez 
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