Satisfacción.

     Abrí de nuevo las piernas. Me encantaba ver la cara de aquel sujeto mirando cómo dejaba expuesto mi sexo, ¿acaso hay mayor placer que el deseo? Mi único fin había sido tomarme un café, pero tras las palabras de mi amo, obediente, marché al baño, me quité las braguitas y me volví a sentar.


— ¡Ábrete y deja que mire! — Me ordenó.

     Hice lo que me pidió sin pestañear, pero me sentí avergonzada. El caballero que se encontraba en la otra mesa tosió cuando vio lo que mostraba. Alcé la cabeza hacia mi señor y con  ojos de súplica  le rogué que no continuara.


—Ciérralas muy despacio —musitó en el oído mientras su boca tomaba la mía. 
Tras dejar atrás la vergüenza y sentir el éxtasis en mis venas, la mano de mi dueño apareció por debajo de la falda. Subía lentamente hacia mi excitado sexo. Aquella situación me estaba sobresaltando más de lo que había pensado, efectivamente me conocía mejor de lo que yo misma hacía. Levantando lentamente los párpados aprecié cómo el caballero de al lado movía intranquilo las piernas, estaba excitado y trataba de esconder una inoportuna erección. Sin embargo, no apartó la vista y observó cómo mi dueño introducía sus fuertes y grandes dedos en mi vagina y me masturbaba todo el tiempo que él vio conveniente. 


—No te corras, perrita. —Susurró— Terminarás en el baño mientras satisfaces a tu amo.


—Como desee —Respondí.


Se apartó y marchó hacia donde estaba el hombre que nos observaba. Este se levantó y saludó con la mano a mi señor. Tras una charla de menos de un minuto, le acompañó hacia nuestra mesa.


—Levanta y vete para el baño, allí esperarás nuestra llegada. Este caballero está deseando saber cómo de buena eres con la boca.


Sin decir nada, me levanté de la silla y me dirigí a los aseos. Había una entrada con un pequeño pasillo donde se podía ver el baño de mujeres y el de hombres. Nunca había tenido ese tipo de encuentros, con lo que, frente a ambas entradas, dudé dónde debía entrar. Abrí la de caballeros y estaba vacía, luego la de mujeres y permanecían frente al espejo algunas jóvenes retocándose la pintura. Sin duda el de hombres, ellos no dirían nada si escuchasen gemir…


Estaba algo sucio, pero mientras venían intenté encontrar el más limpio. Escuché unos pasos acercándose…


—Buena elección, perrita. —Dijo mi amo con una sonrisa preciosa. Abrió un baño y continuó— Te meterás ahí. Quiero que le hagas una mamada al hombre que va a entrar. ¿Confías en mí, verdad?
—Sí, señor.
—Pues quiero que la hagas como si fuera mi polla la que chupases —Se acercó y tirando de mi pelo fuertemente hacia atrás, me mordió la boca. 
La puerta se abrió y apareció el hombre que estaba sentado en la terraza. Mis ojos se dirigieron hacia su excitado sexo. Allí no disimulaba la excitación.
—Pasa, no te quedes en la puerta —. Le invitó mi dueño— Ella está deseando hacerlo.
—Es la primera vez que me ocurre esto. —Comentaba mientras fijaba su mirada en la mía. —Si usted no lo desea…
—No se preocupe, lo deseo. —Le respondí mientras mi amo me dirigía hacia el baño y el caballero se acercaba.
—La única norma es que la puerta debe estar abierta, quiero gozar con la escena. —Dijo mi amo.
—Por supuesto y verá que no le infrinjo dolor…
—Eso no sería ningún castigo para mi perrita, ¿verdad? —Posó las manos en mis hombros y me hizo arrodillar. El hombre se colocó frente mía y posó unos cálidos dedos sobre mis mejillas.
—Si tú no lo deseas…
—¡Basta ya! —Ordenó mi dom. 


Ante aquella actitud, sabía que debía hacerlo pronto. Mis manos se dirigieron a la cremallera del pantalón y apartando la lencería que llevaba, saqué como pude el duro sexo. Una vez fuera, empecé a limpiarlo con las caricias de mis manos. Odiaba el aroma a hombre que suelen desprender cuando llevan tiempo sin tocar el agua. Sin embargo, me quedé sorprendida, olía a limpio e incluso la esencia que pude respirar me estaba cautivando. Deseaba saborearlo, comenzaba a desear tenerlo dentro de mí…


—¡Date prisa! — Exclamó mientras vi de soslayo que él estaba apoyado en los lavabos y se masturbaba. 


Haciendo caso a aquella orden, introduje el sexo en mi boca y comencé a realizar la felación que tanto estaba esperando. Subía y bajaba dejando un gran surco de babas sobre aquel duro músculo. Alzaba la mirada y me sorprendía la cara de placer que tenía el muchacho. Sus manos cubrían de vez en cuando la cara porque no llegaba a mantenerlas quitas. Mientras, mi amo se masturbaba allí, en su apartado lugar. Acechando que su perrita hiciese el trabajo tal como él deseaba. Debía sentirme asqueada, pero no, todo lo contrario. Ser el juguete de ambos hombres me estaba volviendo loca de lujuria, podía sentir cómo mi excitación vagaba lentamente por las piernas. Sentí el placer de ambos… olía el placer de los tres. Los gemidos de los dos hombres comenzaron a escucharse. Estaban a punto de culminar su orgasmo mientras yo seguía saboreando la polla de aquel desconocido. Unos pasos se escucharon, eran los de mi amo que se estaba acercando a nosotros.


—Ya no puedo más —Dijo el muchacho.
—Los dos —Respondió mi señor.


Entonces, el joven apartó su verga de mi boca y comenzó a masturbarse con la mano, tal como lo estaba haciendo mi dueño. Les miraba asombrada, ¿qué tenían pactado? La respuesta llegó tan rápida como su lefa en mi cara. Ese había sido el trato, ambos se correrían sobre el rostro, ninguno dentro. Después de bañarme con sus últimas gotas, el muchacho salió de allí y fue a limpiarse, mientras mi dom me tendió la mano para poder levantarme.


—Vete al baño de mujeres y límpiate. Lo has hecho muy bien —Tendió mi mano hacia su boca y la besó.

      Dama Beltrán 
Dama Beltran