Con máscaras en la oscuridad

Con máscaras en la oscuridad

En la oscuridad entramos en la habitación, ese lugar que había sido dispuesto para que personas, como nosotros, nos dejáramos llevar.

La oscuridad invita. La oscuridad oculta cualquier cosa, incluso la vergüenza por las pasiones, pero a la vez nos permite ser libres y mostrarnos como en verdad queremos mostrarnos.

En la oscuridad nos tocamos. Me acerco a su rostro con mis manos. Tiene puesta una máscara que me gustaría quitarle, pero eso es ir en contra de las reglas, sin embargo, nos besamos apasionadamente. Apenas si puedo verlo, pero noto la barba que sobresale de su rostro y que tiene una mínima argolla en el lóbulo de la oreja izquierda.

Su cuerpo está más que bien. Mientras deslizo mis manos a través de su ropa, puedo sentirlo. Es posible sentir el cuerpo de una persona, incluso aunque esté vestida de traje y corbata, como está él. Yo se que él puede sentirme perfectamente, porque mi vestido ajustado deja muy poco a la imaginación. Eso era lo que yo que ‘ría, pero ahora me siento un poco desarmada, por lo que sigo mi camino y lo voy desvistiendo hasta dejarlo como Dios lo trajo al mundo.

Lejos de buscar ser complacido, busca complacerme, y a donde va, a ese lugar céntrico y sagrado, es al lugar al que quiero que se dirija.

Su barba me hace cosquillas, pero su lengua traza círculos lentos, que se mueven hacia la derecha, mientras acaricia mis pechos. Sus manos son firmes, pero son suaves, como si fuera un suspiro, pero emitido por una voz gruesa y potente. Estas manos me acarician y se apoderan de mí, mientras esa boca, cuya voz aun resuena un poco en mi cabeza, hace de las suyas en mi interior, el lugar que poco a poco se va despertando, y poco a poco se va abriendo.

Me retuerzo entre sus brazos, pero entonces recuerdo que aun tengo el vestido. Solo me he quitado la braga. Termino de desvestirme y me dejo estar un rato más en la cama, hasta que el anuncio de que ya viene, repentinamente, me hace vibrar.

Lo tomo por el rostro de nuevo y lo saboreo, saboreándome a mi misma, que podría resultar un poco egocéntrico, pero es sumamente excitante.  Le ofrezco mi culo, con mi coño bien abierto, esperando que él meta su espada hiriente y filosa dentro de la vaina, que lo espera ansiosa.

Él entra, pero yo le digo que venga hacia mí, que se monte encima, y se sostenga con una mano, mientras con la otra, que me dé lo que no me dio con la boca. Porque lo quiero sentir mientras me corro.

Y cuando lo hago, entre temblores le digo que no pare, que me tome por las caderas y me siga dando, y así el orgasmo se extiende por un minuto, quizás un poco más. No me doy cuenta cuando termina.

Pero si me doy cuenta de cuando el termina, porque lo siento latir con fuerzas en mi interior.

Y en la oscuridad, nos besamos, aunque seguimos usando máscaras. La oscuridad oculta todo, pero a la vez permite que saques a flote eso que tanto deseas. En la misma oscuridad nos vestimos, y de ahí nos alejamos, como si anda hubiese sucedido. 

Fin.

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