Gracias a Dios por estas ataduras

Gracias a Dios por estas ataduras

No puedo ver nada.

No puedo emitir ningún sonido más que aquellos que vienen directo de mi garganta, ya que mi boca no me permitiría decir palabra alguna. Solo los gemidos están permitidos.

Mis pies y manos están inmovilizados. El intentar zafarme solo lo hace doloroso. Hay quien dice que es un trabajo fácil el estarse quieta, pero es tan difícil mantenerse sin ningún tipo de movimiento como el de hacerlo todo. Requiere incluso más trabajo mental, porque en este punto me gustaría estarme retorciendo, presa del placer que estoy sintiendo.

Su lengua se encuentra en mi entrepierna, siguiendo mis instrucciones al pie de la letra: primero lento, con suavidad, recordando que se trata de una zona muy sensible. Luego con un poco más de firmeza, la lengua aplanada, lengüetazos húmedos, que hagan la presión correcta sobre ese ´órgano bendito que es el clítoris. Su lengua ahí, trabajando duro por humedecerme.

Todo lo que puedo hacer para dejar salir este placer que me abruma es dejar salir gemidos guturales que a el también lo ponen cachondo. Aprieta mis muslos, aprieta mi culo, y de a momentos besa mis labios como si fueran los de la cara.

Hubo un tiempo en que yo creía que la frustración sexual se mantendría durante toda mi vida. Estaba muy concentrada en todas esas cosas que quería, pero que no sabía obtener. Vamos, como casi todo en la vida. Si quieres ser escritor, tienes que escribir un libro; si quieres ser pintor, tienes que pintar (y si no sabes cómo hacerlo, pues toma clases, ve tutoriales en YouTube, busca información). Y si quieres disfrutar del sexo, entonces tienes que conocerte a ti misma. Tienes que hablar con tu pareja, y ser sincera (y esperar que tu pareja también sea sincera). Tienes que disfrutar del momento, más que buscar simplemente el tener un orgasmo y echarte en la cama a fumar luego de que todo haya terminado. Y, quizás, te des cuenta de que tu pareja tiene unos kinks similares a los tuyos (y si sus kinks no se parecen a los tuyos, podrán hacer consensos para que ambos disfruten).

Yo creo que tuve suerte. Tuve durante mucho tiempo la fantasía de ser inmovilizada, y aquí me encuentro, atada a mi cama, sintiendo como él se levanta de mi entrepierna.

Sus brazos están cercanos, puedo sentirlos. También su carne, que es ardiente, como la mía. Me quemo por dentro. Siento que soy un océano de fuego donde quiero que él arda conmigo, y que se funda también, convirtiéndose él en el fuego que inunda este océano.

Lo siento entrar y no me puedo mover. Solo puedo gemir con tanto placer mientras su aliento caliente y sus gruñidos, más guturales que los míos, me mantienen en un estado parecido al del sueño. Siento que estoy soñando. Que nadie me pellizque y que esto dure para siempre.

Su pelo largo cae sobre mi rostro y en mi entrepierna lo siento latir. La intensidad aumenta. Nuestras respiraciones se hacen más pesadas, más graves. Lo siento latir más fuerte, y en un gran gruñido. Me llena de lo que quiero. Inmovilizada como estoy, convertida en el océano que deseaba, sin poder ver, empiezo a sentir la vibración que él me coloca para llevarme al éxtasis.

No nos detenemos; no hacemos esto solo para llegar, sino para divertirnos. Y aunque un orgasmo no es lo más importante, el orgasmo que tengo, con su orgasmo dentro de mí, me parece tan obsceno y sensual que no puedo evitar retorcerme un poco, a pesar de estar atada y lastimarme.

Gracias a Dios por estas ataduras.

El fin.

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