Llenarme de ti y morder el Kiwi

Llenarme de ti y morder el Kiwi

Un punto afinado de sensibilidad hizo la diferencia,
de que tú y yo termináramos en la cama,
para subirnos a los barquitos de papel
y navegar sobre mares de aceite y fluidos.

Cuando desperté,
me di cuenta de que estaba abrazando a una sábana de azúcar.
Tenía la boca aún con sabor a horchata,
del trago que me di a las tres de la mañana,
viéndote vibrar y moverte en tu sueño de nata y sudor. 

Si hablaran los hospedajes callados y discretos,
muchas historias interesantes se contarían.
Que se lo pregunten a las huellas de los cuerpos húmedos,
que han quedado marcadas en paredes y suelos.
Manos agarradas con gemidos vehementes,
que se quedaron en la mancha insoluble de la sábana morada. 

Después de eyacular, después de recibir, después de llegar,
después de soltar,
me gusta meterme en la boca latidos de kiwi.
Su carne es la mejor,
y espanta a los transeúntes de Sosolandia.

No estoy para perder tiempo y energía.
Ciertas cosas son selectivas.
Por eso, mis “Te quieros” van a ser muy contados y significativos este año. 

No quiero entrar en el juego de la prostitución masiva de las palabras de disparo fácil.
Para ello, lo primero, es hacerme practicante del silencio constructivo.
Lo segundo,
accionar la alquimia que  emana de mis manos y pensamientos.

ORABIDOO

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