La sorprendente verdad de mi lujuria

La sorprendente verdad de mi lujuria

Todo cambió en menos de 1 minuto. Me transformó la primera frase de aquella notificación de WhatsApp. Era él, el hombre invisible.

Él: “Quiero que te mojes como una guarra, quiero que me comas enterito. Quiero que tú seas una tía más, que chupes hasta traspasar tu garganta más profunda. Quiero que te tragues mi leche caliente fruto de la lujuria”.
Yo: “quiero que tus dedos entren y salgan de mi interior mojado y empapado. Quiero un dedo, después dos y luego tres dedos fuertes que empujen y que me hagan reventar de placer. Quiero que tu lengua haga un viaje a través de cada rincón de mi cuerpo sediento”


Estaba tan caliente que me grabé un video masturbándose e imaginándome las guarradas que el hombre invisible me hacía. Mis dedos empezaron a jugar dentro de mi esencia interior, con una mano me abría una parte del labio y, con la otra los dedos empujaban dentro de mi vagina, salían y entraban, frotaban contra el clítoris, cuando de nuevo recibí otro mensaje
y ahí estaba él de nuevo.

Su pene gordo y su capullo rosado listos para comérmelos, bajar por su tronco erecto con mi lengua excitante y llegar hasta los testículos. Lamer, frotar y saciar hasta que sale la leche caliente que va directa a mi boca, que saboreo con el mayor placer excitante, mientras mi interior sigue palpitando, ardiente y listo para el siguiente asalto. El asalto llegó a velocidad de un rayo de luz.

De pronto me vi en un apartamento desconocido, frente a
él. Llevaba un vestido ceñido debajo de una americana. Detrás del vestido
estaba desnuda, sólo tenía una palpitación intensa que nacía desde ese
interior nuestro y único que subía por cada poro de la piel.


Él olía mi sexo ardiente, sabía que no llevaba bragas, me subió el vestido y de una embestida me metió 3 dedos. Yo estaba muy dilatada, la vagina palpitaba y empecé a hacer latidos de tía cachonda.
Lo empujé hacia el sofá y empecé a coquetear con mi lengua, mi saliva y con su pre- semen. Un explosivo sexual, que solo escuchar los gemidos, hacía abrirme más y buscar su mano hacia mi interior.


Él: “verte mojada como una perra me pone a
1000”


Yo: “Quiero que me la metas hasta verme llorar y chillar como a una
zorra”


Vamos a chillar y a corrernos juntos

KILOMÉTRICA

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