Zahara

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Soy Zahara. Y mi historia no es diferente de la de algunas personas, ¿o sí?

Nací en Londres en 1987, aunque mis padres son de Cádiz, más concretamente de la avenida Campo del Sur, más conocida como «La Habana chica».

A los20 años conseguí alcanzar uno de mis grandes sueños, entrar a formar parte del Cirque du Soleil.

Desde que era un renacuajo el baile y el deporte han estado presentes en mi vida, por lo que decidí unificar ambos. Estudié gimnasia aeróbica, en universidades de Londres y Montreal. En esta última fue donde realicé la audición que me dio acceso a pertenecer al elenco artístico del circo, siendo una pole dancer. Allí es donde conocí al que fue mi preparador físico, Mario Acosta, un antiguo bailarín del Ballet Nacional de Cuba.

Era una noche especial para mí por la presencia de mis padres entre el público. Había vuelto a nacer. Emoción, nervios…Para ayudarme a estar relajada, Mario decidió masajearme los pies, algo que solía hacer yo antes de cada actuación, y que subía por la Tibia y el Peroné para descargar tensión. Esta vez la tensión que me invadía era sexual. Sentir sus manos suaves, intensas, entregadas, sensuales, resbalando desinhibidas por mi piel…fue provocando tal calentura en mi cuerpo, que no pude controlar gemir en cada roce. Mi precioso conjunto rojo, con incrustaciones de cristal de Swarovski, deseaba salir de mi cuerpo y rodar por el suelo. 

Mario, embrujado por mis gemidos quedó atrapado en mi piel. Sus labios bajaron hasta poder besar la parte que estaba masajeando. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando sus manos fueron abriendo mis muslos poco a poco, deslizando la lengua entre mis piernas… las ingles. Capturó mi monte de venus con su mirada, y después de unos segundos de regocijo, fue directo a mi clítoris, haciéndome enloquecer. Regresó arriba, a disfrutar mis moras. Las lamía, mordía, cogía entre sus dedos. Para acabar haciendo un batido con mis melones y su leche, la cual vertió a presión sobre ellos, mientras agitaba su plátano de manera convulsa. Como premio a tan buen trabajo, limpié su glande con mi boca.


Esa noche resultó ser la primera del resto de mi vida. Fue el inicio de una nueva etapa tras sufrir un grave accidente durante una exhibición. Los médicos afirmaron que no volvería a caminar, y mucho menos a bailar. Los oí, pero a quien realmente escuché fue a mi cuerpo, lo mismo que cuando desnudé mis deseos ante el hombre que no solo me hacía sentir la más grande en el circo, si no también sobre su colchón, revolucionando todos mis órganos sexuales con su olor a vida, a verga recién eyaculada, esperando al próximo round con mis tetas, y mis nalgas.

Hoy puedo decir que mis ganas y la ayuda de Mario, lograron el milagro. Volví a tener las alas de un ángel sobre la barra de cromo. He recuperado mi identidad. De nuevo soy el «Tornado de la Habana chica». 

“Besa más. Y habla menos.

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