Calentando Motores

Calentando Motores

No era hombre de arder rápido en pasión. Sus relaciones esporádicas las elegía con cautela. Necesitaba por lo menos tres citas con una mujer antes de tener cualquier tipo de intimidad. Lo primero que hacía era informarse sobre sus gustos y preferencias a nivel sexual. Declinaba quedar con mojigatas llenas de tabúes y mentes estrechas. Prefería mujeres que hablaran claro, directas, decididas.

Esta era la segunda vez que concertaban un encuentro. En el primero, descubrieron varias cosas en común, por ejemplo, que a ambos les gustaban los paseos en moto, por lo que ir hasta una playa en ella les pareció idóneo. Durante todo el trayecto Norma encajó su cuerpo al de Pablo, dejando caer sobre él todo su peso. Oscilaban juntos en las curvas. Pablo redujo la velocidad para disfrutar de las asombrosas vistas que tenían ante ellos. Fue entonces cuando notó una mano sobre su pene, que sin más remedio endureció con el inesperado roce. Sin embargo, no hizo nada para quitarla.

Cuando detuvieron la moto, necesitó abrirse la bragueta, dejando al aire los 23 cm de carne fresca y sabrosa a los ojos de Norma, que no recordaba haber visto ninguna tan apetecible en mucho tiempo. En cuanto a Pablo, rompió su costumbre y se dejó hacer. La suavidad con la que Norma le daba placer, bien lo merecía.

Notó la excitación de los pechos de la mujer al agarrarlos y llevárselos a la boca, donde los gozó hasta acabar deslizando dos dedos en el clítoris de ella. Cachondísimo, se agachó para oler y saborear el jugoso higo. Buscaron una zona más discreta para evitar a posibles curiosos y poder penetrarse en profundidad. Como cama se regalaron el suelo, y una vez allí, adoptaron la forma del Yin y el Yang, y se estremecieron hasta elevar sus cuerpos ardientes a lo más divino.

Pd. ¡Cuidado con las apariencias! No hagamos valores sobre personas desconocidas. Podemos llevarnos una sorpresa, similar a la que, posiblemente se llevara este joven, quien quizás por haber tenido muchas aventuras, pudo pensar, erróneamente, que Cósima no le llevaría al mejor orgasmo de su vida, debido a su virginidad. Nunca subestimemos a otros, pues no hay mejor universidad que la vida misma, y si su “madrastra”, la preparó en otros sentidos, posiblemente también la instruyera en el ámbito sexual, para que, llegado el día, su salud no corriera peligro, o tal vez un embarazo no deseado, por desconocimiento.

“La persona verdaderamente sabia, aprende de cada ser existente, y ve en cada uno de ellos, unas alas para aprender a volar”.

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