La hija del carpintero

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La hija del carpintero

La hija del carpintero

Nadie la conocía. Su padre la mantuvo escondida desde la noche del terror. Cuando la vieja guadaña se llevó a su esposa, en el mismo momento que Cósima empezaba a respirar.

El paso de los años, ha ablandado el corazón del viudo, el cual ha reunido a los vecinos más cercanos a su casa, que morían de curiosidad por conocer, por fin, a la muchacha. La fiesta para celebrar los primeros 20 años de la joven era prometedora. Los comentarios, rumores, expectativas… que aumentaban a medida que el reloj movía sus agujas. 

Él, se había desposado hacía ya unos años, y su nueva esposa fue quien se encargó de la educación de Cósima. Exquisita. Elegante. Le mostró todo aquello que pensaba harían de ella una mujer de «bandera».

La celebración fue tal como se esperaba… ¡sorprendente! Buen vino. Excelente comida.
Digna de una belleza como la que entró por la puerta, justo a las 9 p.m. Hora que, uno de los jóvenes asistentes, miró señaladas en sus exuberantes senos, resaltando el moreno de su piel, en la tela blanca del vestido que la envolvía tan grácilmente. Desde ese momento, ya no supo mirar a ninguna otra invitada. Escuchaba los labios de la mujer gritar su nombre. Veía sus caderas agitarse para él.
A sus 28 años se dedicaba a viajar en busca de aventuras. No tenía la menor idea que la, hasta entonces desconocida, le iba a dar lo mejor que jamás pudo probar en brazos de otras féminas. El mejor aceite que bañaría su sexo. Estaba a punto de saborear las fresas más exquisitas del mercado, de la mano de quien las allí presentes, consideraron desde esa noche, la más afortunada de las mujeres, al observar al hombre ponerse erecto solamente con mirarla.

Uno a uno abandonaron la juerga. Pero el pasional, seguía en un rincón, esperando su momento. La paciencia tuvo premio, cuando ella le invitó a salir juntos al patio de la casa, donde después de saborearlo, acariciar el sable que blandía el muchacho entre sus piernas, dejarle morder sus grandes globos, abrió las compuertas de su templo sagrado, su cuerpo, dejándose navegar como mar revuelto, y le entregó por completo su virginidad.

Pd. ¡Cuidado con las apariencias! No hagamos valores sobre personas desconocidas. Podemos llevarnos una sorpresa, similar a la que, posiblemente se llevara este joven, quien quizás por haber tenido muchas aventuras, pudo pensar, erróneamente, que Cósima no le llevaría al mejor orgasmo de su vida, debido a su virginidad. Nunca subestimemos a otros, pues no hay mejor universidad que la vida misma, y si su “madrastra”, la preparó en otros sentidos, posiblemente también la instruyera en el ámbito sexual, para que, llegado el día, su salud no corriera peligro, o tal vez un embarazo no deseado, por desconocimiento.

“La persona verdaderamente sabia, aprende de cada ser existente, y ve en cada uno de ellos, unas alas para aprender a volar”.

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