Mesa 16

relato erotico

Mesa 16

Allí estaba sentado. Ebrio. Con el corazón rezumando dolor y amargura a partes iguales. Su rostro era el reflejo de todos esos viernes, al ritmo de los bares donde se divertía, mientras ella desgarraba sobre las cuerdas de su guitarra, las ausencias de Antonio, lo que la condujo a un estado de depresión, debido a la impotencia , por no conseguir alejarse del caos mental en el que vivía desde la pérdida de su madre. Era como «el hombre sentado al piano…un viejo perdedor» derrotado ante la botella de vino, que cada vez consumía con más fugacidad. Esa noche, cuando Elisa abandonaba el escenario tropezó, y sin querer, con su guitarra tiró el vaso de licor que llevaba el aliento de Jaime.

—Perdón. Pediré que te sirvan lo mismo.

—No es necesario. Ya es hora que me marche.

—No. Por favor, insisto.

—Acepto con la condición que te sientes aquí conmigo.

—No había nada que motivara a Elisa a regresar a casa. Sabía que la escena a su regreso no sería distinta de la que vivía hacía ya más de tres años. Tenía una pareja que miraba al cielo, sin prestar atención a quien tenía en la tierra. Entre ellos no había sexo, y ella sentía que tampoco deseo.

Brindó con Jaime, y chocaron los vasos contra la mesa. —Ya sabes eso que dicen: «Si no apoyas, no follas». —Entonces entiendo mi estado sexual, o casi asexual, dijo Miriam riendo. Desde hace ya tiempo solamente apoyo mi guitarra.

—Precisamente por eso vengo aquí, para verte apoyarla, aunque ojalá fuera sobre mi cama.

—Miriam no tardó en sentirse acalorada. Notó que las palabras de Jaime no eran dichas al azar. Miró sus labios, y no resistió la tentación de empaparlos con los suyos. Él la sujetó de manera tierna por una bien recogida cola, de melena ondulada, y la condujo hasta que sus frentes chocaron. Olieron y saborearon cada gota de licor tomada. Sus perfumes empezaban a perder fuerza ante tanta hormona revolucionada. Ante tal situación abandonaron la mesa para cambiarla por un mejor destino, el cuarto de baño, donde sus cuerpos embriagados, hambrientos, y escasos de placeres, no dudaron en recorrerse, sentirse, romperse entre gemidos y jadeos. El sacó de su cartera, como pudo, un preservativo con ligero olor a fresa, lo puso a gran velocidad en su pene, agarró a Miriam por la cintura, con la espalda hacia él, y dejó fluir en la vagina de la mujer, el más preciado aceite de vida.

Pd: Todos pasamos relaciones que nos satisfacen o no.

A veces, lo único que se buscan son relaciones esporádicas. Otras, deseamos algo estable, incluso co quien formar una familia, o un matrimonio.

Sea cual sea el momento en el que vives, lo importante es vivirlo

  Escrito por: Ébano Baroni

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