ZAIRA

zaira

ZAIRA

En la oscuridad no le hacía falta el disfraz. Poco a poco se fue desprendiendo del traje de cuero, rojo como la sangre. También del antifaz que cubría sus ojos, dejando así entrever el paso del tiempo en las marcas que llevaba alrededor de ellos. Tenía quizás cumplidos los 50.

Lo dejó atado en una silla, con los ojos vendados.

El traje elástico dio paso a una sutil braguita brasileña, un corsé perfectamente bordado, que moldeaba y estilizaba su figura, y unas preciosas medias con ligas. Recogió su hermosa cabellera en una grácil coleta rizada, que se movía al compás de ella.

Al regresar a la habitación, donde se encontraba el sumiso, Zaira, acarició su cabeza, repasó el cuello de Martín con la lengua humedecida, tanto, como el miembro del hombre, y apartó la venda, mientras observaba la nueva imagen de su ama. Solamente ella sabía cómo hacerle subir al cielo, y después reconducirle al infierno de fuego que ella podía prender. Ser su dómina implicaba mucho más que hacerle el amor.

Ella era su psicóloga, su guía, dentro y fuera de esa estancia con olor a naranja y canela. Conocía cada detalle de sus órganos sexuales, por lo que era capaz de producirle orgasmos eternos con rozarle los labios, las orejas, el pubis, o acariciar sus escrotos. También despertaba el lado más salvaje de Martín cuando le dejaba oler su pelo, esa fragancia bendita.

Ahora, después de varias citas, y preparación previa, estaba listo.

Zaira enredó un látigo al cuello del varón. A continuación, le acercó su fruta a la boca, para que él pudiera oler, lo que hasta entonces le había sido prohibido. Le hizo pasar sobre ella la punta de la nariz, para después presionar su cabeza entre las piernas, para la excitación de ambos. El anhelaba Introducir sus dedos impedidos por la cuerda, entre las pepitas del delicioso melón que acababa de probar, y notar su jugo. En vez de eso, recibió varios azotes, y topó con unas nalgas que taparon su cara al ritmo de una samba.

A punto de eyacular con la magnífica visión ante él, Zaira le soltó las manos, se sentó cual jinete sobre Martín, sobresaltando de manera brusca su falo, el cual se introdujo en la vagina hasta culminar con una mezcla de estrellas y polvos mágicos.

Escrito por Ébano:

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Ébano con sus relatos nos acerca al placer, a través de la imaginación, no olvideis dejar un comentario, es importante para nuestros escritores , aqui podeis leer mas ...

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